Las leyendas son, sin duda,el gran legado que nuestros antepasados nos pudieron dejar. Es por eso que, en todo el mundo, se guarda con recelo los que unos y otros consideran unode sus mayores tesoros. Y éste es el caso de Argentina. Un país donde además de gente buena y lugares maravillosos para visitar, podemos encontrar hermosas leyendas como la que quiero contar.


EL FIN DE LOS HUMAHUACAS
Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo los indios humahuacas vivían sin privaciones en las tierras de su quebrada , en la provincia de Jujuy, al norte de Argentina. Y se dicen que éstas eran tan verdes y fértiles como lo es hoy la Pampa, y que en sus terrazas crecía el maíz como crece la hiedra a la sombra de los árboles. Como no era tan duro el trabajo, y su fruto abundante, los dueños de esa tierra podían vivir en paz y alegría, que les enviaba la Pachamama en fiestas interminables. Pero también se dice que las cosas seguirían así si no fuera por la envidia y codicia de los diaguitas y calchaquíes, y la belleza de Zumac Huayna.

Calchaquíes y diaguitas se aliaron un día y decidieron conquistar la tierra humahuaca. Hubo largas reuniones secretas, planes y contraplanes. Sin embrago,lo único que obstaculizaba sus planes era el gran jefe humahuaca, que sabía cómo convertir de golpe en un ejército a las familias campesinas. Las dos tribus aliadas prepararon, entonces, sus arcos y sus flechas, sus hondas y sus piedras y, sobre todo, prepararon a Zumac, la más linda de las jóvenes, que además de ser hermosa, estaba convencida de ello.

Llegado el gran día, Zumac se acercó hasta las casas humahuaqueñas como si fuese una india perdida. Al verla, las mujeres del poblado se apiadaron de ellaofreciéndole cobijo. Más tarde, durante la fiesta, Zumac conoció al jefe y a partir de ese momentoambos compartirían un mismo olor. Al anochecer, cuando todos dormían, las tribus aliadas atacaron sorpresivamente, evitando así a la defensa de los humahuacas. Ni los que huyeron de sus casas, ni los que intentaron buscar sus armas, ni los que se escondieron, ni uno solo pudo escapar de la masacre. El mismo jefe murió como uno más. Pero antes maldijo a sus enemigos y les auguró que no les serviría de nadasu victoria.

Y así fue. Al día siguiente, cuando el sol iluminó la quebrada, el pueblo y los cultivos habían desaparecido. La tierra se había secado, volviéndose arenosa y estéril, y estaba extrañamente teñida de rojo, de morado, de rosa... En vez de cadáveres sobre las laderas entre las piedras y el polvo había brotado una planta desconocida. Miles de cardones, con sus verdes brazos espinosos, poblaron las cuestas, los pasos y las cimas...

Hoy se levantan desafiantes cual únicos pobladores del desierto.Y en primavera, bajo el cielo más azul, dejan salir de entre sus espinas increíbles flores amarillas, blancas y rojas que, según dicen, son las almas de los desaparecidos indios humahuaqueños.

Paola Cerón Ll.