New Line Cinema, la productora de El Señor de los Anillos va a producir The Golden Compass. Este libro, o mejor dicho esta trilogía, cuenta la historia de... No, es mejor no desvelar demasiado. Aquí en España se publicó con el nombre de Luces del Norte (Ediciones B), y los siguientes tomos se tradujeron como La daga y El catalejo lacado.
¡Más Harry Potter no, por favor! pensarán algunos. Pero se equivocan. Aunque algunos de los ingredientes son parecidos (magia, adolescentes, trilogía) el resultado final no tiene ningún parecido. Al menos sobre el papel de los libros, porque habrá que ver cual es el resultado final, aunque yo espero bastante.
¡Muere ya Potter!
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Las leyendas son, sin duda,el gran legado que nuestros antepasados nos pudieron dejar. Es por eso que, en todo el mundo, se guarda con recelo los que unos y otros consideran unode sus mayores tesoros. Y éste es el caso de Argentina. Un país donde además de gente buena y lugares maravillosos para visitar, podemos encontrar hermosas leyendas como la que quiero contar.
EL FIN DE LOS HUMAHUACAS
Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo los indios humahuacas vivían sin privaciones en las
tierras de su quebrada , en la provincia de
Jujuy, al norte de Argentina. Y se dicen que éstas eran tan verdes y fértiles como lo es hoy la
Pampa, y que en sus terrazas crecía el maíz como crece la hiedra a la sombra de los árboles. Como no era tan duro el trabajo, y su fruto abundante, los dueños de esa tierra podían vivir en paz y alegría, que les enviaba la
Pachamama en fiestas interminables. Pero también se dice que las cosas seguirían así si no fuera por la envidia y codicia de los
diaguitas y calchaquíes, y la belleza de Zumac Huayna.

Calchaquíes y diaguitas se aliaron un día y decidieron conquistar la tierra humahuaca. Hubo largas reuniones secretas, planes y contraplanes. Sin embrago,lo único que obstaculizaba sus planes era el gran jefe humahuaca, que sabía cómo convertir de golpe en un ejército a las familias campesinas. Las dos tribus aliadas prepararon, entonces, sus arcos y sus flechas, sus hondas y sus piedras y, sobre todo, prepararon a Zumac, la más linda de las jóvenes, que además de ser hermosa, estaba convencida de ello.
Llegado el gran día, Zumac se acercó hasta las casas humahuaqueñas como si fuese una india perdida. Al verla, las mujeres del poblado se apiadaron de ellaofreciéndole cobijo. Más tarde, durante la fiesta, Zumac conoció al jefe y a partir de ese momentoambos compartirían un mismo olor. Al anochecer, cuando todos dormían, las tribus aliadas atacaron sorpresivamente, evitando así a la defensa de los humahuacas. Ni los que huyeron de sus casas, ni los que intentaron buscar sus armas, ni los que se escondieron, ni uno solo pudo escapar de la masacre. El mismo jefe murió como uno más. Pero antes maldijo a sus enemigos y les auguró que no les serviría de nadasu victoria.

Y así fue. Al día siguiente, cuando el sol iluminó la quebrada, el pueblo y los cultivos habían desaparecido. La tierra se había secado, volviéndose arenosa y estéril, y estaba extrañamente teñida de rojo, de morado, de rosa... En vez de cadáveres sobre las laderas entre las piedras y el polvo había brotado una planta desconocida. Miles de cardones, con sus verdes brazos espinosos, poblaron las cuestas, los pasos y las cimas...
Hoy se levantan desafiantes cual únicos pobladores del desierto.Y en primavera, bajo el cielo más azul, dejan salir de entre sus espinas increíbles flores amarillas, blancas y rojas que, según dicen, son las almas de los desaparecidos
indios humahuaqueños.
Paola Cerón Ll.
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Como lo prometido es deuda, en esta primera ración de leyendas latinoamericanas quiero recuperar una de las más populares y queridas leyendas ecuatorianas. Una condecoración merecida sobre todo en Quito, capital ecuatoriana, lugar donde se desarrolla esta hermosa leyenda quiteña.
Cantuña y el atrio de San Francisco

Hace muchos años, se construía el atrio de la Iglesia de San Francisco, donde trabajaba un indígena llamado
Cantuña, responsable de terminar la obra. Pero el tiempo pasaba y el atrio no se concluía. Cantuña fue amenazado con ir a prisión por no cumplir el contrato.
Un día, cuando regresaba a su casa, de entre un montón de piedras salió un pequeño hombrecillo vestido todo de rojo, con nariz y barba muy puntiagudas.
Con voz muy sonora dijo:
- Soy Satanás, quiero ayudarte.
Yo puedo terminar el atrio de la iglesia antes de que salga el sol.
A manera de pago, me entregarías tu alma. ¿Aceptas?
Cantuña, que veía imposible terminar la obra, dijo:
- Acepto, pero no debe faltar ni una sola piedra antes del toque del Ave María o el trato se anula.
- De acuerdo - respondió Satanás.

Miles de diablos se pusieron a trabajar sin descanso. Cantuña, que miraba muerto de miedo que la obra se terminaba, se sentó en un lugar y se dio cuenta de que ahí faltaba una piedra. Cuando tocó el Ave María, logró salvar su alma.
El diablo, muy enojado, desapareció camino al infierno.

Paola Cerón Ll.
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